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Prejuicios, el caso Harden – Eulenburg

Seven 23 noviembre, 2008 1

Ventana

Como una cárcel imaginaria cuyos barrotes no podemos ver, pero que igual aprisiona, son los prejuicios.  Encadenan a la gente y mantienen cautiva la libertad y el derecho de muchos. Prejuicios que cuestan felicidad, libertad, vida, y que representan una forma de subyugar y marginar a otros, solo por considerar algunos que poseen el derecho para hacerlo, contra aquellos que no cumplen con su forma de ver las cosas.

Cuando a diario vemos las crónicas de los diarios, nos encontramos con hechos de marginación y violencia contra algunas minorías, causadas por los prejuicios ancestrales que no nos han dejado avanzar a la par de nuestro progreso tecnológico, para convertirnos en una sociedad que actúa y vive acorde a los tiempos que corren.  No se puede vivir en pleno Siglo XXI, con las formas de pensar de nuestros ancestros, hasta hace 50 años,  algunas minorías eran tratadas y excluidas en formas vergonzosas.

Hoy asistimos a la marginación de los gays en todos los lugares del mundo, en unos abiertamente y en otros bajo un velo de hipocrecía. Y a los que se piensan que esto es nuevo, están totalmente fuera de la realidad, y lo están peor los que piensan que ésto no tiene su coste de dolor para aquellos semejantes, que por ser diferentes en su modo de vivir o de pensar, son excluidos, marginados, denigrados, violentados y en algunos lugares encarcelados y asesinados.

Tomemos un caso, que ha sido relevante para medir cuánta hipocrecía se guardan nuestras sociedades, y cuantos prejuicios se mantienen y se usan para destruir vidas y reputaciones, y sobretodo para marginar.  Aceptemóslo, las preferencias sexuales de una persona no debieran constituir una forma de evaluar,  cómo la trataremos o la aceptaremos.  Siempre y cuando,  como en su momento dijera el filósofo Stuart Mill no dañe a otro, su vida en realidad le pertenece y elegir su modo de vivirla es su máximo derecho.


En principios del Siglo XX, la Alemania del emperador Guillermo II,  fue sumida en una confrontación originada en algunos rumores sobre la homosexualidad, de algunos miembros del gobierno.  Personas ilustres todas, que prestaban su servicio al gobierno Alemán y que eran en su diario quehacer honorables y honestas.  Sus vidas y las de la gente a su alrededor fueron cambiadas por las publicaciones que Maximiliam Harden un periodista,  dio a la luz;  el gobierno entero sufrió las repercusiones de aquel despliegue de prejuicios e hipocrecia.

Harden tenia algunas motivaciones políticas,  que le llevaron a inmiscuirse en la vida privada de aquellos hombres, su principal objetivo, Philliph Eulenburg, miembro del cuerpo diplomático alemán, a quien empezo a chantajear y quien para evitarlo, se retiró por algunas temporadas de la vida política.  Pronto Harden aprovechó su trabajo como periodista y publicó artículos que inmiscuían en el rumor, anoten que jamás se comprobó fehacientemente la homosexualidad de Eulenburg, que por cierto estaba casado; la opinión pública pronto hizo, como suele hacer,  eco de las publicaciones y todos aquellos hombres nombrados se vieron entre la acusación y el rechazo de todo el pueblo.

Los rumores de homosexualidad llegaron a incluir a muchos personajes importantes, hasta el canciller alemán Von Bulow y el mismo Emperador.  Entre 1907 y 1908 , los implicados llevaron a Harden y a otros a juicio por difamación.  Juicios que poco prosperaron, y aunque salieron victoriosos el daño estaba hecho.

Eulenburg retirado del gobierno y los demás en la sombra de la duda, terminaron siendo hombres amargados y enfermos, por el stress al que habían sido sometidos por el escrutinio público.  Los historiadores sostienen que en ningún momento se aportaron pruebas de su homosexualidad, y aunque se hubieran aportado…en qué cambiaba su desempeño profesional por su vida  privada?

Un precio muy alto en otro caso de prejuicio, Eulenburg y demás, fueron alejados, y Guillermo II hubo de privarse de la gran valía de hombres que hasta entonces habían servido bien a su país.  Alemania misma pagó caro este caso, cuando los nuevos allegados a Guillermo II le llevaron a decisiones que desembocaron en la primera Guerra Mundial.

Más allá de ocuparnos del costo político, podemos ver el prejuicio que imperaba y que sigue imperando en algunos lugares, contra las personas catalogadas del tercer sexo.   Hasta que el mundo supere los prejuicios contra ésta y otras minorías, podremos hablar de ser un mundo que realmente ha progresado.

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